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Empresaria de Dulces Artesanales

27/04/2015

Doña Olga se caracteriza por tener un espíritu emprendedor y una fiel sonrisa que siempre le acompaña, desde la edad de 12 años quiso ser independiente: “Desde niña me gustaba hacer merengues, encocadas y dulce de mantequilla, a los 12 años de edad me iba a Danlí a venderlos y con eso compraba mis aritos, cremas y cosas así”

“Tengo 39 años, tengo cuatro varones y mi esposo que son cinco (sonriendo). Cuando me casé, mi esposo sembraba frijoles y maíz, pero vimos que no le resultaba, entonces él dijo que iría a vender artículos a la ciudad de Pespire y me dejó 500 lempiras, y se fue. Entonces compré 25 libras de azúcar, mantequilla y limones y me puse a hacer confites que después vendí en Danlí; cuando él regresó, venía sin un cinco, y yo más bien ya tenía mis primeros mil lempiras”.

A mi esposo nunca le gustó este negocio de hacer dulces, lo llevé a vender una vez al mayoreo y parecía que se iba a desmayar de la pena (entre risas), a veces me decepcionaba, pero le decía que dejara de sembrar. Después, él se decidió a hacer dulces, cuando  empezamos, era duro, nos íbamos con los dulces en la cabeza hasta llegar a San Matías, nos tardábamos hora y media caminando”.

Con su característica sonrisa, Doña Olga nos cuenta cómo mejoró su estilo de vida: “Hace seis años empecé con la UDEL Danlí, ahora, gracias a las capacitaciones, somos personas diferentes, hemos recibido bastante apoyo de Swisscontact, Visión Mundial y Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de América (USDA)  a través de la Secretaria de Agricultura y Ganadería (SAG), y con esfuerzos empezamos a construir nuestra planta, estamos mejor ahora. Gracias al dinero de las ventas tenemos un hijo profesional, tres que están estudiando, y les damos empleo a cuatro personas. Ahora tenemos una variedad de 15 productos, y estamos capacitados para producir entre 6,000 a 9,000 bolsitas de dulces semanales de cacahuate, leche con coco, encocadas, zanahoria, papaya, nance, tamarindo o plátano”.

“De las capacitaciones, la que más me ha gustado es la de Buenas Prácticas de Manufactura, ahora uno sabe que para competir hay que salir con un producto de calidad e inocuo, el producto que hacemos no lleva ningún conservante químico y dura dos meses; también mejoramos los empaques y etiquetas. Ya tenemos cinco productos registrados, tenemos marca comercial y licencia sanitaria. Nuestro producto lo distribuimos en el mayoreo, tenemos una vitrina en la terminal de buses y ahorita estamos mandando para Olancho”.

A los hombres les digo que nos dejen trabajar.

“Nosotros nos inventamos las recetas de los dulces, a veces me decepcionaba mucho cuando no los hacíamos bien y los botábamos; un día, nos sentamos con mi esposo y le dije que teníamos que hacer una receta, porque si no, íbamos a estar perdiendo. A veces pensé en irme a otro país porque es difícil cuando vienen los tiempos malos, pero más bien hay que trabajar duro en los tiempos buenos, para después, estar tranquilos en los tiempos malos; por ejemplo, ahorita que están bajas las ventas tenemos un ahorro, todo lo tenemos bien planeadito”.
 
Doña Olga agradece a las organizaciones que la han apoyado y su mensaje para los hombres es: “Que no sean egoístas y nos dejen trabajar, que somos iguales y hasta tenemos mejores oportunidades que ellos, y además, sin nosotras, no pueden vivir tampoco (entre carcajadas)”. Así concluye esta dulce historia de éxito de la empresa -La Fraternidad-.